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Buenas noticias

Escrito por realidadescreadas 14-04-2018 en cuentos. Comentarios (0)

 

        Un aparato digital se desprendía de la pared. Upatreecolocó su dedo índice. Con su huella digital ingresó a la biblioteca. Había una cantidad inmensa de libros, desde el techo hasta el piso. Su computadora rápidamente len indicó donde se encontraba el que buscaba. “Niños de 1982, piso 6”. Una vez que estaba frente al libro, lo abrió rápidamente. Se detuvo en las primeras cinco personas y anotó sus nombres en un papel. Después de una larga charla con Manuel, eligieron a Juan.

        Upatree, la mañana del 11 de diciembre se dirigió a la casa del elegido. Tocó timbre y al minuto saló él. Vivía solo y noesperaba ninguna visita. Upatree se quedó sin palabras y tartamudeando dijo “Soy del servicio social y sé que estuviste buscando trabajo”, Juan lo negó con la cabeza. Preguntó de qué se trataba, Upatree le mencionó que debería ser cadete de una empresa y que ellos se harían cargo de brindarle el transporte necesario. También el almuerzo seria gratis. Para finalmente convencerlo le ofreció una cifra muy elevada de dinero. Juan abrió los ojos y no dudó en decir que sí

         Al día siguiente lo pasaron a buscar y se le explicó el procedimiento. Debía entregar por día veinticuatro paquetes a diferentes direcciones. Le entregaron la lista y lo dejaron solo. Juan se dirigió a cada casa durante dos semanas seguidas. Su trabajo nuevo le gustaba. Ya se estaba acostumbrando a la rutina. 

         Finalmente Upatree lo buscó en su casa y lo llevó a la empresa. “Ya se acerca el gran día y debes conocer al jefe”. Juan sorprendido levantó las cejas. Nunca le habían comentado nada. Caminó pausado hacia la camioneta ç, sus manos estaban temblorosas, se preguntaba donde se había metido. Pero luego miró a Upatree y era imposible tenerle miedo. Era tres o cuatro cabezas más chiquito que él. Tenía una cara muy simpática y siempre lucia un gorro color verde el cual llevaba en el extremo una campanita. Se fundía entre lo extraño y lo divertido. Juan se rió por dentro. Al llegar a la empresa quedó anonadado. No podía creer lo inmensa que era. Mantuvo la boca abierta casi por diez minutos. Al cruzar la puerta sintió ver a Upatree en todas partes. Se pellizco el brazo. Caminó a paso lento y todos lo saludaron. La alegría abundaba en habitación principal. Apareció el jefe, lucía su traje rojo. Sus movimientos eran débiles. Sudor corría por su frente como si la fiebre estuviese subiendo. Juan lo miraba detenidamente sin pronunciar ni una palabra. Upatree le comentó que mas tarde conversarían pero primero harían un recorrido por el taller. Fue mostrándole cada habitación. Le explicó que funcióncumplía cada una. “En esta trabajo yo”, dijo emocionado. Alguien golpeo la puerta. Era Manuel. Juan observó cada objeto que se encontraba junto a él. Se acercó hacia el escritorio que se ubicaba al final del cuarto. Unos papeles desparramados lo intranquilizan. Sin prestar atención a lo que decían observó la enumeración y los ordeno. Uno de ellos llamó su atención. Vio su nombre en las primeras líneas. Volteó, se percató de que nadie entrase por la puerta y comenzó a leerlo.

         Habían pasado cuatro horas. Creía haber tenido un sueño horrible. Cuando su visión se aclaro logró ver a Manuel sentado junto a él. Se levantó del sofá donde se encontraba recostado. Pidió una explicación. Estaba impresionado de ser el elegido para ese trabajo. 

          El 22 de agosto entregó los paquetes como cada mañana. Se acercó a cada hogar que figuraba en el listado. En una de las casas un niño jugaba en el jardín delantero. Él lo miraba, se sentía culpable por lo que sucedería en navidad. Su madre le ordenaba que entrara a la casa. Su voz estaba afónica. Su aspecto era de cansada, pero su hijo no tenía compasión. Fingía no escucharla y corría por todo e espacio. Ella insistía. Le devolvió el paquete a Juan y le pidió que aguarde un segundo. Salió de la casa para buscarlo. Él le revoleaba todos sus juguetes. Capaz era mano realmente pero su puntería era muy buena. Estaba claro para Juan por que él  recibiría carbón. Juan tenía la suerte de que solo daba la advertencia a los padres. Igualmente se lamentaba por que faltaba poco, era difícil cambiar la situación de esos niños. Pero rápidamente lo olvidaba y seguía las reglas del trabajo. Ya le habían comentado sus compañeros que ese no fue el único aviso. Ahora sería el último. 

         Finalmente llegó el 24 de diciembre, el jefe le cedió su traje. Automáticamente esté se ajusto a la medida de Juan. La barba blanca apareció de repente. Su cuerpo se ensanchó y su voz se puso ronca. Juan nervioso preguntó cómo sabría cual es el regalo correcto. Upatree le entregó la bolsa y lo tranquilizó.”No te preocupes, el paquete que agarres se transforma en el que necesites”. Todos aplaudían y lo felicitaban. Manuel lo acompaño afuera. Rudolph encendió su nariz y juntos emprendieron el viaje de una noche inolvidable. 


Polidipsia

Escrito por realidadescreadas 14-04-2018 en cuentos. Comentarios (0)

Polidipsia

             Aquel niño sin sabiduría, con sus labios agrietados sueña con ver llorar aquellas nubes. Aunque tenga en sus brazos el elixir de la salvación, no recuerda esas palabras que le darían la esperanza para terminar con ese infierno eterno. 

            El viento iba borrando las huellas de su camino y cada vez era más lejana la idea de sobrevivir.Sus esperanzas se terminaban pero logró ver a lo lejos una luz brillante y blanca que lo incentivó a usar sus últimas fuerzas. Movió sus pequeños pies lo más rápido que pudo, cada paso se hacía sentir en sus músculos que ya poco aguantaban. Se acercaba poco a poco a lo que parecía ser un oasis. Caminó un largo rato sin hallar nunca aquel alivio.

             Sin lágrimas que dejar caer por su cara seca, llena de polvo, se posó sobre lo primero que encontró a su alrededor. Sus ojos se cerraron.

            Una sombra se le apareció. El niño abrió los ojos, sorprendido por lo que estaba viendo. Un hombre, parado frente a él, cuyo rostro no se lograba distinguir por el sol que tenía detrás, apuntó a la botella que tenía el niño consigo.

-Debes agarrar con firmeza la parte inferior del envase utilizando tu mano menos hábil. Luego colocar tu otra mano encima de la tapa y aplicar un poco de presión mientras giras la tapa hacia la derecha. Yo no puedo hacerlo por ti, solo puedo decirte lo que necesitas hacer. Solopodrás salvarte.

             Intentando que sus manos no cedieran ante la desesperación que produjo el conocimiento, siguió los pasos del desconocido. Tras intentarlo e intentarlo, con sus últimas energías, logró su cometido.  Esas palabras resonaron en su cabeza.

                 La alegría le había invadido todo el cuerpo y con una sonrisa de punta a punta se estaba preparando para agradecerle al desconocido por esta gran ayuda. Levantó la vista y el hombre había desaparecido, sólo veía aquellas montañas cambiantes de arena a su alrededor, un cielo celeste, un sol radiante y una particular nube que parecía posarse intencionalmente sobre él, para brindarle sombra. 

Así se puso de pie, mirando a esa bola de algodón flotante que de alguna forma lo saludaba, despidiéndose, marcando el camino a casa.


Otra oportunidad

Escrito por realidadescreadas 14-04-2018 en cuentos. Comentarios (0)

   Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta, saldré discretamente para ir al departamento de Víctor.
  Me encuentro parado en el jardín junto a las flores del Jacarandá. Unas ramas que se desprenden del árbol logran taparme la cara. Esas pequeñas hojas que rozan mis ojos me hacen sentir más seguro, como si nadie pudiese verme. Antes de salir de mi pequeño refugio observo todo el jardín intentando recordar dónde escondí mi tesoro más preciado. Me acerco a paso rápido intentando pasar desapercibido hacia aquellas Margaritas. Desesperadamente hago un pozo para ver si allí esta escondido lo que busco. Sin poder terminar mi indagación un grito irrumpe el silencio, era Victor quien se acercaba muy veloz hacia mí. Sabía que si intentaba correr los golpes luego serian mayores por eso entre llantos deje que me pegara. Nunca nada le molestaba, solo había una cosa, que se metieran con sus plantas. Capaz me merecía los golpes por haber arruinado una de ellas. Él se fue y yo desde el jardín lo veía moviéndose intranquilo. De nuevo caminó hacia mí y entre empujones fue llevandome hacia la puerta. No hubo compasión, ya no era bienvenido en esa casa.
  Allí esta Irene, me llama a comer siempre a tiempo. Se preocupa de que no pase hambre y coloca una estufa cerca mió para que tampoco pase frío. Se acerca y me dice lo mucho que me quiere, lo afortunados que somos los dos por tenerlos uno al otro. Me dice que ella jamás me hará daño. Algunas veces cuando viene gente a casa los escucho preguntar sobre que paso en mi nariz o que problema tuve en la pata derecha o sobre mis cicatrices en el pecho. Me gustaría poder decir que no hablen de mí por lo menos cuando yo estoy presente. Esos temas hacen sentir un vació en mi vida. Aunque su amor sea más grande de lo que alguna vez pudo darme alguien ya he tomado mi decisión. Me marcharé.
  La puerta permaneció cerrada durante quince minutos. Estuve desolado esperando volver a entrar. Finalmente me rendí. Me di cuenta que nunca más volvería a ver a Víctor. Una tristeza enorme recorrió mi cuerpo. No importaba cuantos días pasaran, yo lo esperaría ahí, sentado frente a la puerta. El día que decida volver yo movería la cola de un lado al otro como si nunca me hubiese dejado. Apareció Irene, pensó que estaba perdido. Sin poder resistirme me alzó y me subió al auto. Sentado en el asiento trasero mirando por la ventanilla puede ver como la puerta de aquella casa donde vivía se abrió. Nunca supe si Victor me buscaba, si acaso se arrepentía de aquella reacción por romper sus margaritas. Ya han pasado seis años y es momento de conocer esa respuesta.
  Estoy aquí frente al departamento sin saber cómo voy a ingresar. Tuve suerte de que una vecina me reconociera. Desde el jardín delantero me silba y se alegra de verme. Me pregunta donde estuve todo este tiempo. Muy contenta me deja pasar. Me acompaña a la puerta del departamento donde me encontraría finalmente con mi viejo amigo. Ella toca timbre y Felisa, la señora que limpiaba mi cucha sale a la puerta. Sin prestarle atención entre corriendo por el pasillo y subí las escaleras al cuarto de Victor. Allí estaba él junto al tesoro desenterrado, el oso, por el cual me había ganado el destierro.